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La Nutrición

Los cambios corporales rápidos de la pubertad requieren combustible en la forma de calorías adicionales y también vitaminas y minerales. En realidad la ingesta diaria recomendada de calorías es más alta para un adolescente activo que para ningún otro. Durante el estirón de crecimiento, la necesidad de calcio, hierro y cinc es alrededor de 50 por ciento más grande que lo que fue solo dos años antes.

La mayoría de los adolescentes comen algo rápido solos o con sus compañeros y muy pocas veces en casa. Como consecuencia, ingieren más cantidad de sal, azúcar, grasas y conservantes en su dieta, y no ingieren la cantidad recomendada de calcio y hierro.

Lad dietas como enfermedad

La mayoría de los adolescentes comen muy poco o demasiado, o en horarios no adecuados. Por ejemplo, ser vegetariano se ha convertido en algo muy popular, sobre todo entre las chicas. Este patrón de alimentación puede ser saludable, pero no la forma como muchas adolescentes lo llevan a cabo. Ellas evitan no solo la carne y los huevos, sino también todos los productos lácteos, justamente cuando sus cuerpos necesitan más hierro y calcio (Belamarich y Ayoob,2001).

La imagen corporal está muy ligada a la autoestima, las chicas son las que más se preocupan si están demasiado gordas, aun cuando estén aumentando el peso necesario para sus cuerpos. Entonces no es sorprendente que cuando las proporciones corporales cambian de manera notable en la pubertad, muchos jóvenes quieran detener el proceso. Casi todas las adolescente (independientemente de su peso) y muchos adolescentes hacen dieta por una o varias semanas y se ponen de muy mal humor, se sienten cansados, pierden uno o dos kilos y luego los aumentan, piden comidas que nunca antes habían querido comer y rechazan las que le gustaron siempre, por lo general sin consecuencias graves.

Sin embargo, en casi uno de cada 20 adolescentes, ciertos trastornos alimentarios graves se hacen preocupantes al comienzo de la adolescencia, cerca de los doce o trece años, y sobre todo después de la secundaria, hacia los 18.

Anorexia Nerviosa

Se caracteriza por la autorrestricción de la ingesta alimentaria; esto ocurre cuando las personas por propia voluntad comen muy poco y hacen mucho ejercicio físico de modo que ponen en riesgo su vida.



Según el DSM-IV-R, existen cuatro síntomas de la anorexia nerviosa:

  • El rechazo a mantener el peso corporal en el por lo menos el 85 por ciento de lo que es normal para la edad y la estatura.
  • El miedo intenso a aumentar de peso.
  • La distorsión de la imagen corporal y la negación del
    problema.
  • La falta de menstruación en las adolescentes y mujeres adultas.

Si el Indice de Masa Corporal de alguien es de 18 o inferior, o si ella (o, menos frecuente, él) pierde más del 10 por ciento del peso corporal en un mes o dos, hay que sospechar que presenta anorexia (Asociación Psiquiátrica Americana, 2000).

Bulimia Nerviosa

La Bulimia Nerviosa es casi tres veces más común que la anorexia, sobre todo en las mujeres adultas jóvenes y constituye el trastorno alimentario importante en la actualidad.

Esta enfermedad implica una forma de comer compulsiva, en la cual se consumen alimentos por miles de calorías en una hora o dos, seguidas por una eliminación d esa comida a través de vómitos o diarrea inducida mediante laxantes.

Para hablar de un diagnóstico clínico de bulimia, los atracones y la purgas deben ocurrir por lo menos una vez por semana durante tres meses y la persona debe tener un impulso incontrolable de comer en exceso y debe mostrar un juicio distorsionado de sí misma basado en la percepción errónea de su imagen corporal (Asociación Psiquiátrica Americana, 2000).

Las personas que sufren bulimia por lo general están cerca del peso normal, no obstante pueden padecer serios problemas de salud, que incluyen daños graves en el aparato gastrointestinal y pueden sufrir un ataque cardíaco a raíz del desequilibrio electrolítico (Gordon, 2000).

 



Berger, Kathlenn Stassen (2004). Psicología del Desarrollo: infancia y adolescencia.