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Problemas de Pareja

Muchos de los problemas que llegan a la clínica son problemas de relación. Un ejemplo muy frecuente son los problemas matrimoniales o de pareja. En estos casos la conducta inadaptada afecta a los miembros de esa relación. Existe un gran número de parejas que buscan ayuda.
Generalmente se trabaja con los dos miembros de la pareja, y la terapia se centra en clarificar y mejorar sus interacciones y sus relaciones. Si bien lo más habitual es que al principio de la terapia cada miembro de la pareja esté secretamente convencido de que el único que tiene que cambiar es el otro, casi siempre resulta necesario que sean ambos los que modifiquen sus interacciones mutuas. Se enseña a cada miembro de la pareja a aumentar o disminuir ciertas conductas, con el objetivo de mejorar la relación. También aprenden habilidades para mejorar la comunicación y la solución de problemas.

Concepto sano de Relación

- Una relación es cuando dos personas se quieren, se respetan y se divierten estando juntas.

 

- Es aceptarse mutuamente y querer a la otra persona con sus virtudes y sus defectos.

 

- Es tratarse bien, con ternura y sin faltarse el respeto.

 

- Es saber escuchar a la otra persona y poder contarle tus problemas, inquietudes y deseos.

 

- Es una unión de sentimientos, en el que una persona no se impone sobre la otra.

 

- Es tener confianza mutua y no comprobar si lo que hace o dice tu pareja es verdad.

 

- Es tener diferentes puntos de vista y poder dialogar sobre ellos sin que ninguno imponga su opinión. En la variedad está el gusto.

 

- Es compartir experiencias y momentos juntos y es poder disfrutar de tiempo y espacio para uno/a mismo/a, para estar con las amistades, la familia o realizar nuestro hobby favorito sin que nos moleste que nuestra pareja también lo haga.

 

- Es no abusar de la pareja pidiéndole constantemente que haga cosas por el otro.

 

- Es poder expresarnos con toda libertad y sin temor a que nuestra pareja se enfade por decir lo que pensamos o a que nos prohíba algo.

 

- Es cuando ninguno se enfada si el otro nos lleva la contraria.

 

- Es valorar el esfuerzo y el trabajo de mi pareja.

 

- Es cuando nadie impone su voluntad.

 

- Es aceptar y respetar las opiniones, los gustos, actividades y amistades de la otra persona.

 

- Es apoyarse y ayudarse mutuamente en planes y proyectos aunque éstos no siempre coincidan.

 

- Es reconocer cuando nos hemos pasado o equivocado.

 

- Es entender que a veces hay que ceder para estar de acuerdo en una decisión.

 

- Es cuando las decisiones que nos afectan a los dos son el resultado de un acuerdo mutuo.

 

Fuente: guiaviolenciadegenero.com

 

 

¿Crisis? ¿Cómo trabajar las diferencias?

“La crisis es un estado de cosas en que es inminente un cambio, en un sentido o en otro” (Webster)

“No es posible lograr ningún cambio sin crisis pero es posible sufrir una crisis que no de cómo resultado un cambio. Hay crisis cuando una tensión afecta a un sistema y requiere un cambio que se aparta del repertorio habitual del sistema” (Pittman)

La palabra crisis, según un proverbio chino y como ya habrán oído muchas veces, conlleva un doble significado: por una parte “peligro” y por otra “oportunidad”. Lo peligroso y lo duro de una crisis es que los recursos, las defensas, las estrategias, las capacidades, las conductas, las visiones puestas en juego hasta el momento y que resultaban útiles ya no sierven como antes … las seguridades se hacen añicos y durante un período de tiempo aumenta la ansiedad, el miedo, la tristeza, la agresividad, la confusión, el aislamiento. Pero como decía un doctor, amigo mío, “la necesidad crea el órgano”. Y precisamente la contrapartida de la crisis es la “oportunidad” de crear, porque, a partir de allí y como mecanismo de supervivencia, podemos poner en marcha nuevas capacidades, nuevas visiones, nuevas estrategias, nuevas reacciones, nuevos vínculos ... este proceso de defensa ante la crisis, que una de mis clientas llamaba “pura vida”, a la larga y en la mayoría de los casos, conlleva un proceso de crecimiento, de maduración personal. Es desde esta perspectiva constructiva que siempre les digo a mis clientes que “a las crisis, con el tiempo, hay que darles comisión o invitarlas a cenar”. La crisis es inmanente al ser humano y a su núcleo básico de pertenencia, la familia. 

¿ES NORMAL LO QUE NOS PASA?

Muchísimas veces las parejas tienden a patologizar un conflicto, una tensión que, como decía antes, simplemente es “pura vida”. La mayoría de veces, la labor de un buen terapeuta de pareja no está en “intervenir para cambiar” (dando recetas artificiales que a la postre no sirven para nada), sino simplemente escuchar respetuosa y amorosamente, en acompañar, tranquilizar, redimensionar ... en definitiva, dar la oportunidad a la pareja de recuperar la fé en si mismos, entender el valor constructivo y de aprendizaje que supone la crisis que están viviendo, verse a si mismos en un “proceso” de crecimiento, visualizar su momento de malestar desde la perspectiva de un zoom que amplia sus posibilidades y sus expectativas, tanto a nivel individual como de pareja-familia. Hay dos historias que utilizo en las terapias para facilitar a individuos y parejas una visión más en perspectiva. 

Las parejas que duran, pasan necesariamente por crisis, las afrontan y aprenden de ellas. Cuando una pareja decide huir de la crisis rompiendo la relación, tarde o temprano –probablemente en la siguiente relación de pareja- van a tener que afrontar el mismo reto y se encontrarán en el mismo punto en el que se emprendió la huida.

“LAS CRISIS DE TRANSICIÓN”

Desde el Modelo Sistémico de Terapia Familiar en general se habla de 6 etapas:

1) Constitución de la pareja y Noviazgo hasta el primer hijo
2) Del nacimiento del primer hijo hasta la llegada del último a la escuela
3) De la escolarización a la adolescencia
4) La adolescencia de los hijos hasta su salida del hogar familiar
5) Primera fase post-parental: “nido vacío” o “destete de los padres"
6) El retiro de la vida activa y la vejez

¿DE QUIÉN ES LA CULPA? LA PACIENCIA EN LA PAREJA

La paciencia, tan necesaria en las relaciones humanas y, como no, en la relación de pareja, requiere una cierta conciencia de como me siento, requiere no dejarme llevar por el impulso, requiere pensármelo, como mínimo, dos veces antes de “entrar al trapo”. A mi me gusta ver la terapia como como el arte de ayudar a la gente a cambiar “reacciones” por “respuestas”. La “reacción” es defensiva, compulsiva, impulsiva, inmediata y pone la responsabilidad fuera de uno mismo, en el otro; la “respuesta”, en cambio, es más serena, más autorreflexiva, autorresponsable, más “diferida” en el tiempo (supone varias respiraciones completas de por medio y una toma de conciencia de cómo me siento, qué me ocurre, dónde me duele, porqué). Detrás de la reactividad impulsiva, se esconde casi siempre la identificación con un pensamiento, con un sentimiento, con un estado de ánimo, muchas veces inconsciente y relacionado con el pasado. Y está claro que nosotros no somos, o al menos no sólo somos “lo que pensamos”, no sólo somos “lo que sentimos”, no sólo somos “lo que hacemos”; ni siquiera sólo somos “lo que nos está ocurriendo aquí y ahora en nuestra relación de pareja”. 

DE LAS DOS MEDIAS NARANJAS A LAS DOS NARANJAS COMPLETAS

Y se preguntarán ¿cuál es la solución?, ¿cuales son, como decía el título de la conferencia, esas “claves” de comunicación para una pareja que está en crisis? Y mi respuesta es que, paradójicamente, una de las claves de solución de la pareja pasa en gran parte por el respeto a la individualidad y a uno mismo. La relación de pareja debe ser un complemento a la propia persona. Uno no puede negarse a si mismo y diluirse en el otro. Si voy negando un dia sí y otro también una parte de mi mismo (una necesidad, un deseo, un anhelo, un dolor), si sucesivamente te voy dando más de lo que puedo (“para que no te enfades”, “por los niños”, “porque espero que tú te des cuenta”, etc.), tarde o temprano te pasaré factura. 
La solución no es pedirle al otro que sea aquella “media naranja” que fue, o convertirse uno en la “media naranja” que necesita mi pareja, sino en seguir madurando responsablemente, cada uno a su ritmo, hacia la “naranja completa”. Mi propuesta a las parejas es que, en una escala de bienestar de 0 a 10, en general, uno tiene que autorresponsablizarse de llegar al 6 por sus propios medios, aprendiendo a auto-cuidarse y a equilibrarse (trabajo, deporte, ocio, descanso, hobbys, intereses culturales, amistad, terapia, yoga, hijos, familia ...).

EL PROBLEMA o “MAS DE LO MISMO UNA Y OTRA VEZ” 

Retomando la pareja en crisis, cuando exponen “el problema” o “la queja”, raramente expresan que “tenemos un problema” sino que suelen contar que “él (o ella) es el problema”. Y desde mi experiencia, tanto personal como terapéutica, cada vez estoy más convencido que los problemas (y las soluciones también) están mucho mas dentro de uno que en el exterior. Ante los problemas, les recomiendo la actitud que se encuentra en el trasfondo de esta útil y bonita oración que utilizan en Alcohólicos Anónimos:

"Dios mío, concédeme Serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar ... Valor para cambiar aquellas que puedo ... y Sabiduría para reconocer la diferencia".

Pero cada miembro de la pareja, antes de serenarse y aceptar, antes de armarse de valor para asumir sus propios fantasmas, antes de cambiar lo que depende de él o de ella (es decir, su relación consigo mismo y su propio dolor) se empeñan en cambiar a su partenaire, en atribuir el problema a la conducta del otro y, especialmente, a características inmutables de su personalidad:
“es un egoísta”, “es celosa”; “es irresponsable”; “me agobia”; “es un controlador”; “está mas interesada en sus amigas o en su madre que en mi”; “es agresivo”; “es un alcohólico”; “pasa de los niños”; “se pasa la noche en internet”... 



Este artículo es un extracto de la Conferencia pronunciada por Carles Panadès en Febrero 07 en el marco de las "III Jornadas Científicas: la salud Mental i la dona", en Palma de Mallorca.