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¿Qué es la Depresión?

Nadie se deprime sin motivos. Las personas empiezan a deprimirse después de sufrir lo que en la psicología llamamos una pérdida de reforzadores, es decir, aspectos importantes de nuestra vida que desaparecen o pierden su valor.

Está demostrado que los acontecimientos que estadísticamente más provocan depresión son: pérdidas o enfermedades de seres queridos, enfermedad propia, pérdidas o cambios en el trabajo, problemas de pareja o familiares, cambios de domicilio, problemas económicos, y en general, cualquier circunstancia en el ambiente que nos ponga en una situación difícil.

Las “pérdidas”, lógicamente, producen dolor en las personas. Todo el mundo se siente mal cuando se pierde a una persona querida. Y ahí empieza la trama de la depresión: las personas que llegan a deprimirse reaccionan ante este dolor rompiendo su ritmo de vida habitual, dejan de hacer aquellas actividades diarias que proporcionan satisfacción. Todo ello es, de nuevo, más pérdida, y por lo tanto más malestar.

Éste es uno de los aspectos característicos de la depresión, el abandono progresivo de actividades. Junto al abandono de las actividades, aparecen también cambios en el área cognitiva. Esto es lo que conocemos como la triada cognitiva: pensamientos negativos acerca de uno mismo y de su autovalía, pensamientos negativos sobre el mundo y los demás, y pensamientos negativos sobre el futuro; una visión oscura y pesimista.

Cuando el estado de desesperanza es muy grande, aparecen ideas de suicidio, estos pensamientos son siempre falsos, sólo se ve el aspecto negativo de las cosas y además magnificado.

A estos pensamientos les llamamos automáticos, porque aparecen espontáneamente, sin desearlos, y, lo peor de todo, es que se asumen como ciertos.

       Por último, a nivel fisiológico-emocional, aparecen sensaciones muy desagradables: pérdida de apetito y peso, cansancio y abatimiento, tristeza, irritabilidad, ganas de llorar, problemas de sueño, disminución del deseo sexual, incluso ansiedad.